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Freddie Mercury fue el líder y vocalista de la mítica agrupación británica Queen. En lo personal me atrevería a decir que el mejor cantante de todos los tiempos.
Fuera del escenario fue una persona introvertida que amaba estar en su hogar tanto como le fuera posible en compañía de sus seres queridos y sus gatos.

¿Sabías que esta enorme estrella del rock tenía debilidad por los gatos?

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En su último vídeo que grabó “These are the Days of Our Lives”, Mercury vistió un chaleco estampado de gatos para hacer un homenaje a sus mascotas, la tela fue impresa utilizando una recopilación de fotos de ellos que tenía atesoradas.
Sus fans conocían sus gustos, le enviaban de regalo gatos de peluche y todo tipo de figuras de gatos. Otros llamaron “Freddie” a sus propias mascotas felinas. 

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Freddie Mercury fue dueño de: Tom, Jerry, Oscar, Tiffany, Delilah, Goliath, Miko, Romeo y Lily.
Su álbum "Mr. Bad Guy", fue dedicado a su extensa familia gatuna, y también “a todos los amantes de los gatos del universo”. 
Delilah, considerada la favorita de Freddie, tuvo el honor de que le dedicara una canción.
Cuando él enfermó ella nunca se separo de su lado, estuvieron juntos hasta el final en noviembre de 1991.

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La mayoría de sus gatos fueron adoptados en la Blue Cross, una asociación protectora de animales que se encuentra en Inglaterra. Sólo Tiffany, una gata de raza Himalaya, llegó de un criadero y fue un regalo de Mary Austin, ex novia de Freddie.

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Mercury consideraba a sus gatos su familia, eran mimados y a cada gato se le preparaba su propio calcetín navideño (como es tradición en el Reino Unido), y se llenaba de golosinas y juguetes.
Tenía personas que se encargaban de sus cuidados y caprichos, de día podían hacer lo que desearan pero al anochecer se pasaba lista para ver que todos estuvieran dentro de la mansión, se les daba la cena y se aseguraban que estuvieran 100% saludables.

El cariño que Freddie sentía por sus mascotas era tal que, cada vez que estaba en gira, les llamaba por teléfono para hablarles.

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Jim Hutton en su libro "Mercury & Me" cuenta una anécdota en la que una noche no encontraban a Goliat. Pasaron horas como locos buscando en todos los rincones aterrorizados porque Mercury llegaría y se daría cuenta de lo que sucedía.
“Freddie llegó a casa, poco antes de medianoche, Goliat aún no había regresado. Así que se lo dijimos de inmediato: "No sabemos dónde está Goliat. No podemos encontrarlo en ninguna parte". Por la expresión de Freddie sabíamos que las cosas no habían ido bien ese día en el estudio. Preocupado por lo que podía haberle pasado al gato, Freddie estaba al borde del llanto. Recorrió la casa y el jardín llamando a Goliat.

Goliat

Goliat

Freddie se puso frenético, y hundido en una profunda desesperación arrojó un hermoso hibachi japonés por la ventana y dijo que ofrecería una recompensa de 1.000 libras.

¡Te extrañamos Freddy!

¡Te extrañamos Freddy!

Salí al jardín por última vez llamando a Goliat. Oí como una puerta de entrada se abría y luego se cerraba, y después un pequeñísimo maullido. Volé fuera de la casa en dirección del sonido. Goliat estaba agachado bajo un coche, temblando. Lo cogí y regresé a casa. Freddie estaba en el cielo. Durante cinco minutos o más dedicó su atención al gatito, mimándolo y acariciándolo. Después, como una madre, Freddie miró al gato ceñudo, gritando y retando al pequeño Goliat por abandonar Granden Lodge. La pelota de piel oscura se limitó a quedarse sentada, escuchando con calma el estallido de Freddie". 

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